18 noviembre, 2010

APUNTES DE UN MALESTAR COTIDIANO

Sucede que hay días como hoy donde me ataca la melancolía, la ansiedad, la soledad de bus, de habitación contigua, de colombiana y entonces me toca recorrer pasajes angustiosos, descuartizar recuerdos, destrozarme las manos y las sienes para sentirme aliviada, para darme la sensación de diferente, de original, en la gran multitud de homogéneos que me circundan, espejos que cubro con trapos como lo hacían las abuelas al relampaguear para no reconocer horrorizada mi imagen.

Hay días como hoy donde acudo a la imagen de la madre del mar, con sus hijos taciturnos y la angustia por los mosquitos y la panela ¿Por qué mi corazón no podrá abrumarse con las facturas y descansar ante el sonido que me ofrece cierta aplicación internauta?

 Presiento la muerte y ella a mí. Recojo de a poco los papelitos que me ofrece como pistas y descifro sin querer los mensajes que me manda, que la lista escolar, que los padres, que la Universidad calcinante que me espera, que el hombre o mujer que habré de tirarme para adormecer el martilleo incesante, la angustia constante, que los pasajes, el mañana, la comida. Pretendo ser. Y machuco pedacitos de mi frente a la maquina, y lanzo palabritas dulces, que hasta suenan bonitas, para poder dormir tranquila, con la cabeza en alto, pensando que tal vez mañana pueda ser eso que algunos escriben con letra mayúscula.

Escritor.